empecé con un blog, como quien planta un árbol, y acabé perdido en mi propio bosque... aquí están todos, y además las crónicas de Dirty Rock Magazine

Bantastic Fand revive en el homenaje a Nacho Para

   La mítica banda que fundó Nacho Para (1963-2024) hace algo más de diez años revivió ante el público del 44 Cartagena Jazz Festival el pasado jueves, un milagro en forma de homenaje once meses después del prematuro adiós.
 
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   Los músicos originales y tres invitados especiales tejieron un emocionante concierto en honor del presunto ausente a lo largo de 19 canciones, casi todas con la firma de Para y algunas llegadas desde el universo sonoro que inspiró su vocación musical: George Harrison (Blow Away), Lucinda Williams (I Lost It) o Dylan (Gotta Serve Somebody y I Shall Be Released, el punto final, ya en la estratosfera). 
 
   Y hay que decir “presunto ausente”, porque algunas de sus mejores canciones latieron con ardiente vitalidad durante la hora y media larga de la sesión, al igual pudo sentirse el empuje vital del talento humano que supo congregar con meticulosidad artesana a la hora de conformar esta banda cuyo nombre queda grabado para la historia de la Americana en nuestro país.
 
   La formación compuesta por Paloma del Cerro, sus hermanos Paco y JoséFernando RubioCarlos CampoyJacinto Martos e Iván Estefanía sumó para la ocasión a Román y Ramón (ambos Garcías) y a Fino Oyonarte
 
   Abrió el acto Joserra Rodrigo, impulsor del encuentro y amigo de Nacho Para, quien poco antes había moderado una mesa redonda en torno a su obra con los periodistas y escritores Carlos SantosJuan VicedoAlberto Frutos y Miguel López.
 
   Acto seguido, unas sentidas palabras que desprendieron esquirlas de amor, dieron paso a las canciones seleccionadas entre los discos de Bantastic Fand y el que publicó en solitario el propio compositor (No Parking Tickets in the Clouds). Tras un comienzo exquisito (Find the Door, Ain´t Got No Time), quizá algo frío por los nervios de la solemne ocasión, los diques de la emoción se rompieron por completo con la tercera pieza, Desert Town, cosecha 2016, y ya se entró en una vorágine de pasiones desatadas que conmovieron al público de la sala Luzzy hasta las lágrimas, con versiones memorables de My Morning, Way Down, Calling, Down the River o When She Came to the City, entre otras. (Miguel López)
 

   Bendita la fotografía de Nacho Para y su guitarra. Benditos los amigos y los admiradores, bendita la carretera que los trajo, benditos los que hablan y benditos los que escuchan. Benditas las camisas a cuadros y las camisetas de Bantastic Fand verde olivo y las de Nacho sentado en su nube. Bendita la biblioteca del Luzzy porque a ella hemos peregrinado en busca del recuerdo y bendito el recuerdo que nos tiembla en el alma. Bendito Joserra porque su candil no se apaga. Benditos Miguel y Alberto y Carlos, y bendita su sabiduría. Bendito el de las zapatillas verdes que se sienta entre ellos. Bendita Ana y bendito su ojo y bendita su cámara. Benditos los que prueban sonido en el piso de arriba bajo luces azules. Bendito el azul y bendita la luz y la música y bendito el reloj en el que darán las ocho y media. Benditos los corazones que sienten y bendita la sangre y las dulces heridas de las que beben los versos. Bendito Nacho sentado entre Paloma y Jacinto y bendita la pared blanca de Sierra, las voces y las guitarras, y bendita la verdad pequeña y humilde de la canción desnuda, y bendita la sonrisa que se alumbra al cantarla. Bendito lo que no se llevó, lo que nos queda, benditas las palabras y las melodías y la lluvia que desde su nube cae en el desierto. Bendita la puerta que abrió Nacho para descubrir otro horizonte, bendita Miranda, benditos diez años. 

Glorioso el aplauso, gloriosa la hora de despertar la música. Gloriosa la amistad que empapa el escenario, gloriosa la devoción en las butacas. Gloriosa la voz de Nacho que se escucha como un eco en el precipicio de la memoria. Glorioso Nacho en la voz de Fernando y en la armónica que rasga la noche de Cartagena. Glorioso Nacho en Paloma y en su mirada que sonríe, gloriosa “You”, gloriosa como lo cantaba él, gloriosa como la canta ella. Gloriosos el aullido de Pacoco en el filo de los platillos, y gloriosas las yemas de Campoy agazapado en los teclados. Gloriosos los músicos que se unieron al banquete y glorioso el sonido de la Desert Town. Gloriosos el ukelele de Harrison y los cigarrillos de Petty y el sombrero de Dylan. Gloriosa la apoteosis de esta noche sin Nacho y con Nacho, glorioso reencuentro, gloriosa ascensión a su cielo donde no hay multas de aparcamiento. Gloria a Nacho Para donde esté y gloria porque estuvo con nosotros y está vivo en las canciones. Gloria a Bantastic Fand porque Nacho la soñó. Gloria a lo que soñó y a lo que vivió y a lo que no puede morir. (Juan Vicedo)

   Julia Guerrero Mayo e Isabel Márquez Méndez son dos jovencísimas colaboradoras de Nacho Para como letristas de sus canciones. Además Julia diseñó la camiseta que muchos de los presentes llevabamos en el concierto, las nubes de “No Parking Tickets in the Clouds” así como la portada del disco que sujeta entre sus manos con orgullo. 

Textos – Miguel López y Juan Vicedo

Fotos – Ana Hortelano

Videos – Rosa Campos y Juan Vicedo



Corazones Eléctricos, calentura del sábado noche

 

La ciudad, un sábado por la noche, no es una sola, son muchas ciudades. En una de ellas, escondida en la trasera de un local de moda, alguien se pregunta quién salvará al rock and roll. A través de la cristalera que da al mundo feliz del fin de semana, muchachitas que fingen ser rubias manosean sus gintonics.

A este otro lado, en la oscuridad, se perfilan los botellines de cerveza en las manos que se elevan hacia el falso techo. ¿Quién salvará al rock? La respuesta no es el público que abarrota la sala, ni los músicos que se entregan a su pasión y su credo. El rock, como la energía, nunca muere. Por eso hay corazones eléctricos y canciones de amor y de rabia. Pau Monteagudo, Juan Fortea, Joan Chilet.

Son el trío, el triángulo mágico donde todo el poder del rock se concentra para generar una explosión que nos arrastra, una y otra vez, cada cuatro minutos aproximadamente. No importa que en la mesa de sonido no haya nadie, un hombre adormilado soñando una copla. El rock vence a cualquier obstáculo, se abre paso en las gargantas y en el ataque feroz de cada riff de guitarra, de cada línea de bajo, de cada golpe de baqueta.

Desde Valencia al mundo, o al submundo, o a la Playa de San Juan, las canciones son descargas atómicas que se cuelan por las grietas de hormigón de la ciudad, calentura de sábado noche que nos redime de la monotonía. “Canción urgente”, “Aullar contigo”, todo está dicho en el título y todo será dicho de nuevo.

A ver si os sabéis esta…, invita el cantante a hacer de una simple canción una fiesta, un espejo, el reconocimiento de una identidad. Nos la sabemos, y “Valentina” y “Camino al Sur”, canciones que encuentran en la voz de Monteagudo una razón para existir. “Tú” es solo suya, canción de amor, cielo que se abre azul en una noche de fuego y magma.

Afuera, en las otras ciudades que Alicante es a esa hora, suceden otras cosas, mientras de puertas adentro el rock and roll gobierna nuestros corazones eléctricos.

Fotos y vídeos Juan J. Vicedo.



Moonshine Wagon, un trago más

 

Una nube de polvo se levanta en el camino, una autocaravana surge de la polvareda y frena en seco a las puertas del Fillmore Huertano, bajan cuatro barbudos cantando a voz en grito canciones de los Backstreet Boys. No, no es creíble, empecemos de nuevo. Una autocaravana cae del cielo sobre el cañizo del escenario y lo hace trizas, la ventanilla del conductor está bajada y se escucha una cinta de casete de Mikel Laboa.

¿Se lo cree alguien? Hay muchas maneras en las que Moonshine Wagon podrían presentarse ante nosotros y en todas la presencia escénica te arrebata y su música te zarandea obligándote a bailar al compás, al compás. Una semana antes estaban en Tennessee, donde los atardeceres son de bourbon y el bluegrass una emanación del suelo.

Hoy, en línea de a cuatro en el secano alicantino, se han traído en los bolsillos la tierra de las mil danzas, el ritmo canalla de los garitos y una forma de entender la música en la que se impone lo festivo. Let’s Go Down To Hell. Vámonos al infierno, proclaman en la primera canción.

Es un viaje sin instrumentos eléctricos, sin teclados, sin batería, un descenso vertiginoso a la fuente del ritmo guiado con el violín y la mandolina, el contrabajo y la guitarra. La noche es sudor y es cerveza y un arco de violín que rasga el aire húmedo y se hace invisible.

La noche está hecha de voces roncas y aullidos a la luna, miradas de complicidad y diversión cómplice, toneladas de música poderosa servida con los instrumentos musicales de los granjeros. “It’s So Slow” te aplasta contra la pared, “Ghost” acelera las agujas de los relojes, cabalgas sobre un potro salvaje cuando suena “My Mind Is Mine”, “Days Go By” huele a pastel de manzana, y “Txoria Txori” es el eslabón misterioso entre un aurresku y una buck dance de los Apalaches.

Dijo hace algunos años Matt Horan que el country es el punk de los viejos. Lo que hacen estos cuatro espíritus del bosque que viajan en su autocaravana, Goiatz, Lander, Dagda y Víctor, es el heavy de los que no recordamos nuestra edad. Otro trago más de ese whiskey antes de irnos. My Liver Is Trying To Survive!

Goiatz Dutto (violín, mandolina y voz). Lander Lourido (guitarra y voz). David “Dagda” Sánchez (banjo, bouzouki y voz). Víctor Gabriel Martín (contrabajo).

Videos: Jorge Navarro, Julio Navarro Oncina. Fotografías: José Francisco Montilla Orgilés.