empecé con un blog, como quien planta un árbol, y acabé perdido en mi propio bosque... aquí están todos, y además las crónicas de Dirty Rock Magazine

Ibai García Blues Project, el número áureo

 

Volvía el blues a la huerta en esa frontera entre la primavera y el verano que es el mes de junio. El blues, ya se sabe, es la madre del cordero, la piedra de toque que da la medida del alma de una banda. El proyecto de Ibai García va más allá, es como la estrella de cinco puntas, la que en su interior encierra el número áureo. Estaban todavía ajustando el sonido en la mesa cuando se vinieron sobre nosotros las primeras andanadas. Una, dos, tres canciones para sacudirse el polvo del viaje y entonces ya el rugido del león, esa voz que Charlie Santiago saca de la entraña, y ya nada es igual ni va a serlo, porque el tren ha cogido velocidad y no para en las estaciones.

La luz del atardecer brilla sobre el teclado de Santamaría, el tiempo se acompasa en las baquetas de Castro, y lo que alguien escribió en un papel deja de ser un plan, porque solo ha pasado media hora y no es verdad que hayamos escuchado diez canciones. Es “Never Coming Down”, que en la lista está muy atrás, pero el orden no es el que está escrito, lo dicta el corazón, y la respuesta está en el eco de las propias emociones. La música también se les escapa por los márgenes, no solo es blues lo que escuchamos, y a las ráfagas del delta y de la ciudad del viento se suman sonidos soul de las encrucijadas del cinturón de la biblia, y en cada horizonte la guitarra de Ibai García esculpe el relieve invisible y se hace sombra la voz de cuatro cuerdas de Solla. A veces el bajo se adentra en sutiles pasajes jazzísticos. Todo mezcla. Cuando caiga la noche aparecerán caballos desbocados corriendo por las veredas del rock sureño.

La tarde se parte en dos con “The Woman I love”, de Ray Gómez. ¿Por qué la gente no lo conoce?, se pregunta el cantante. Buena pregunta. Entre tanto las piezas del tablero buscan su sitio, los sonidos se desperezan, durante minuto y medio el tiempo se hace paréntesis, y después todo cabe en la canción: la comunión con el público; el fulgor de un solo de guitarra que te clava la mirada en los dedos de Ibai; la exhibición de scat de Charley Santiago, un call & response brillante con el guitarrista que solo se puede presenciar sonriendo. A lo largo de once minutos la banda se entrega al disfrute de la música que contiene todas las músicas.

Cinco músicos que se buscan, cinco voluntades conjuradas, música que viaja sin descanso por los cinco ángulos de la estrella. Ibai García, el hombre tranquilo de la esquina, arranca esquirlas incandescentes, extrae fuego de su guitarra sin inmutarse, con la vista puesta en lo que pasa a su lado y en el otro lado del universo, en lo que solo él ve. Israel Santamaría embellece sutilmente las pausas, recorre el teclado de un extremo a otro cuando la canción lo pide, o quizá es él quien lo pide a la canción, nunca se sabe. Fernando Solla está como si no estuviera pero está siempre, fue su bajo lo que empujó al día a retirarse y dejar paso al éxtasis oscuro y húmedo de la huerta.

Aritza Castro se crece en cada golpe, saca a pasear una voz rasgada entre el sudor, se refugia en el fondo o reaparece en solitario, de repente todo el espacio es para él, los vértices de la estrella se pliegan sobre el hombre de la camiseta obrera. Y Charlie Santiago, la punta de lanza, maestro de ceremonias al que las gafas de sol no ocultan, brujo de la voz y el estallido de la canción, jugador de todos los juegos, capaz de dialogar con la batería, con la guitarra, con el órgano, es el quinto elemento de este proyecto que se llama con el nombre del blues y que es mucho más que eso.

La recta final es una sucesión de momentos espectaculares: “A One and Only Soul”, “Snatch It Back” y “Leave the Place”. Y cuando ya parece que no queda nada por decir, terminan la noche con una petición: “Tennessee Whiskey”, de Chris Stapleton, y el cielo se llena de puntos de luz que antes no estaban ahí. No se puede pedir más a una velada perfecta.

IBAI GARCÍA BLUES PROJECT está formado por Ibai García (guitarra), Charlie Santiago (voz), Israel Santamaría (teclados), Fernando Solla (bajo) y Aritza Castro (batería y voz). Estuvieron en el Fillmore Huertano de Sax el 13 de junio.

Fotos: José Francisco Montilla Orgilés. Videos: Juan J. Vicedo.


Guttercats, hermosa maldición

Una guitarra que hiere abismos, la memoria de los jacobitas, dulce llamada de aquellas voces que se perdieron y hoy resurgen en la garganta de alguien que está ante ti, sientes su vibración atravesándote el alma, la vida que palpita tras las gafas oscuras que miden la luz de las canciones.

Está la sombra en las cuatro cuerdas del bajo y está la luz blanca que divide el tiempo y los compases. Esto no es rock and roll, es algo más, la necesidad de explorar los límites y volver a ellos una y otra vez, de atarse a la verdad que permanece agazapada en la música de los bares y los garitos.

Es todo lo que nos hace felices y nos libera en una noche de sábado con una cerveza en la mano, mientras esa maldita guitarra reabre viejas cicatrices de juventud. Es el maullido de un gato callejero o el lamento de la noche cuando estás atrapado al pie de un escenario donde la rendición no existe, y nada sucede que no quieras que suceda.

Te dejas entonces arrastrar por el vendaval eléctrico que desencadena Guts Guttercat, es todo lo que quieres, sonreír y pedir más, unir tu voz a la suya, coserte con imperdibles a un riff para que no se te pierda en la oscuridad, buscarte cuando todo acabe y encontrarte donde esperabas, salvado una vez más por la hermosa maldición de una banda de rock condenada a ser sublime.

GUTTERCATS estuvo en El Bunker, de Alicante, el sábado 25 de abril, presentando su último disco, “Rise & Fall of the Last Civilization”, con la siguiente formación: Guts Guttercat (voz y guitarra acústica), Chris Waldo (guitarra eléctrica), Alex Montes (bajo) y Quim Viladrich (batería). 

Fotos y videos: Juan J. Vicedo.

 

Bantastic Fand revive en el homenaje a Nacho Para

   La mítica banda que fundó Nacho Para (1963-2024) hace algo más de diez años revivió ante el público del 44 Cartagena Jazz Festival el pasado jueves, un milagro en forma de homenaje once meses después del prematuro adiós.
 
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   Los músicos originales y tres invitados especiales tejieron un emocionante concierto en honor del presunto ausente a lo largo de 19 canciones, casi todas con la firma de Para y algunas llegadas desde el universo sonoro que inspiró su vocación musical: George Harrison (Blow Away), Lucinda Williams (I Lost It) o Dylan (Gotta Serve Somebody y I Shall Be Released, el punto final, ya en la estratosfera). 
 
   Y hay que decir “presunto ausente”, porque algunas de sus mejores canciones latieron con ardiente vitalidad durante la hora y media larga de la sesión, al igual pudo sentirse el empuje vital del talento humano que supo congregar con meticulosidad artesana a la hora de conformar esta banda cuyo nombre queda grabado para la historia de la Americana en nuestro país.
 
   La formación compuesta por Paloma del Cerro, sus hermanos Paco y JoséFernando RubioCarlos CampoyJacinto Martos e Iván Estefanía sumó para la ocasión a Román y Ramón (ambos Garcías) y a Fino Oyonarte
 
   Abrió el acto Joserra Rodrigo, impulsor del encuentro y amigo de Nacho Para, quien poco antes había moderado una mesa redonda en torno a su obra con los periodistas y escritores Carlos SantosJuan VicedoAlberto Frutos y Miguel López.
 
   Acto seguido, unas sentidas palabras que desprendieron esquirlas de amor, dieron paso a las canciones seleccionadas entre los discos de Bantastic Fand y el que publicó en solitario el propio compositor (No Parking Tickets in the Clouds). Tras un comienzo exquisito (Find the Door, Ain´t Got No Time), quizá algo frío por los nervios de la solemne ocasión, los diques de la emoción se rompieron por completo con la tercera pieza, Desert Town, cosecha 2016, y ya se entró en una vorágine de pasiones desatadas que conmovieron al público de la sala Luzzy hasta las lágrimas, con versiones memorables de My Morning, Way Down, Calling, Down the River o When She Came to the City, entre otras. (Miguel López)
 

   Bendita la fotografía de Nacho Para y su guitarra. Benditos los amigos y los admiradores, bendita la carretera que los trajo, benditos los que hablan y benditos los que escuchan. Benditas las camisas a cuadros y las camisetas de Bantastic Fand verde olivo y las de Nacho sentado en su nube. Bendita la biblioteca del Luzzy porque a ella hemos peregrinado en busca del recuerdo y bendito el recuerdo que nos tiembla en el alma. Bendito Joserra porque su candil no se apaga. Benditos Miguel y Alberto y Carlos, y bendita su sabiduría. Bendito el de las zapatillas verdes que se sienta entre ellos. Bendita Ana y bendito su ojo y bendita su cámara. Benditos los que prueban sonido en el piso de arriba bajo luces azules. Bendito el azul y bendita la luz y la música y bendito el reloj en el que darán las ocho y media. Benditos los corazones que sienten y bendita la sangre y las dulces heridas de las que beben los versos. Bendito Nacho sentado entre Paloma y Jacinto y bendita la pared blanca de Sierra, las voces y las guitarras, y bendita la verdad pequeña y humilde de la canción desnuda, y bendita la sonrisa que se alumbra al cantarla. Bendito lo que no se llevó, lo que nos queda, benditas las palabras y las melodías y la lluvia que desde su nube cae en el desierto. Bendita la puerta que abrió Nacho para descubrir otro horizonte, bendita Miranda, benditos diez años. 

Glorioso el aplauso, gloriosa la hora de despertar la música. Gloriosa la amistad que empapa el escenario, gloriosa la devoción en las butacas. Gloriosa la voz de Nacho que se escucha como un eco en el precipicio de la memoria. Glorioso Nacho en la voz de Fernando y en la armónica que rasga la noche de Cartagena. Glorioso Nacho en Paloma y en su mirada que sonríe, gloriosa “You”, gloriosa como lo cantaba él, gloriosa como la canta ella. Gloriosos el aullido de Pacoco en el filo de los platillos, y gloriosas las yemas de Campoy agazapado en los teclados. Gloriosos los músicos que se unieron al banquete y glorioso el sonido de la Desert Town. Gloriosos el ukelele de Harrison y los cigarrillos de Petty y el sombrero de Dylan. Gloriosa la apoteosis de esta noche sin Nacho y con Nacho, glorioso reencuentro, gloriosa ascensión a su cielo donde no hay multas de aparcamiento. Gloria a Nacho Para donde esté y gloria porque estuvo con nosotros y está vivo en las canciones. Gloria a Bantastic Fand porque Nacho la soñó. Gloria a lo que soñó y a lo que vivió y a lo que no puede morir. (Juan Vicedo)

   Julia Guerrero Mayo e Isabel Márquez Méndez son dos jovencísimas colaboradoras de Nacho Para como letristas de sus canciones. Además Julia diseñó la camiseta que muchos de los presentes llevabamos en el concierto, las nubes de “No Parking Tickets in the Clouds” así como la portada del disco que sujeta entre sus manos con orgullo. 

Textos – Miguel López y Juan Vicedo

Fotos – Ana Hortelano

Videos – Rosa Campos y Juan Vicedo