empecé con un blog, como quien planta un árbol, y acabé perdido en mi propio bosque... aquí están todos, y además las crónicas de Dirty Rock Magazine
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Dead Bronco, la anunciación llega el sábado

Cuando te dicen que Dead Bronco viene de nuevo a tu ciudad respiras con alivio: eso significa que Matt Horan no se ha roto el cuello. Si no saben de qué hablo, vean el video de “I hate you” que ilustra esta crónica, o mejor todavía, no se pierdan el paso de esta banda si les pilla cerca.
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No, Horan es un caballo loco, pero no un caballo muerto. Entre otras cosas, el de Lousiana ha renovado totalmente su combo y anuncia nuevo sonido, la tercera vez en tres años. Desde “Bedridden and Hellbound” a este nuevo álbum, “The Annunciation”, pasando por el intermedio Driven by Frustration, Horan ha ido dando pasos no sé muy bien si hacia arriba o hacia abajo, depende de cómo se mire.
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Hacia arriba porque su propuesta apunta alto, es cada vez más madura, más compleja; hacia abajo porque el sonido se hunde en el barro, se aleja de los cielos abiertos y las noches estrelladas del hillbilly.
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Algo te imaginas de lo que va a suceder cuando pasa por tu lado un chaval con aire grunge y te saluda con un tímido “hola” mientras coloca en el suelo la hoja con el setlist. Es Mud, el bajista, que con su apariencia apacible le va a dar a Horan todas las réplicas salvajes que la noche pide, rasgando la voz mientras hace retumbar las cuerdas.
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Lo grunge no queda solo en la estética, está claro. Y qué decir de ese guitarrista con perfiles de metal, Alex Atienza, que lleva el frenesí por los trastes. No tardaremos en verles a los tres en línea practicando el headbanging mientras David Rodríguez machaca los tambores.
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Dead Bronco nos trae a escena lo que Horan define como “black folk”, una mezcla de bases folk, actitud punk, espíritu gótico y sonidos black metal. Ahí queda eso, condensado en trallazos de poco más de dos minutos.
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Son canciones que hablan de derrotas, de búsqueda de redención, son la escritura de la rabia, el pentagrama del alarido, encrucijadas en las que puede aparecer Dios o presentar el Diablo su tarjeta de visita.
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Son jirones de furia en la voz de un hombre que no abandona su sonrisa y su calidez frente a un mundo helado. En una hora caben dos docenas de canciones, muchas del último disco, ya desde la inicial “Church of the Endless Road”, otras que son clásicos de su repertorio, como “In Hell”, “Keg Stand”, “Penitent Man”.

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Cuando presenta “Freight Train” nos dice que es un tren que va muy rápido. Parece que habla de sí mismo, en cierto modo, de una carrera musical velocísima que ha dejado ya seis discos en siete años, discos rápidos, urgentes, como sus conciertos, en los que sin embargo sigue habiendo espacio para temas como “False Hearted Lover’s Blues”, con el que ir cerrando la noche. O abriéndola, como ese horizonte que Horan persigue incansable con su caballo fantasmagórico.
Fotos y vídeos por Juan J. Vicedo.
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Juan J. Vicedo
Escrito por

Dead Bronco, el country es el punk de los viejos



O al menos eso dice Matt Horan, centro neurálgico de esta propuesta que se define como“broncobilly” y que está asolando los territorios por donde pasa de camino a Europa y a la madre de todas las músicas, Norteamérica, donde está previsto que actúen en Tennessee en septiembre.
Anoche en Alicante (25 marzo de 2017), Horan subió al escenario con cuatro birras cogidas del gollete y sólo se bebió tres, que le bastaron para la revisión acelerada de dos docenas de temas en una hora escasa. A su lado el guitarrista Manu Heredia solo bebió agua y eso, también, es un dato. No era necesario echar más gasolina al fuego que encendieron desde el primer minuto.

Venían los Dead Bronco a presentar su tercer disco y lo hicieron a su manera. Me explico: “Bedridden & Hellbound” es una notable colección de canciones country, facturadas desde Getxo sin que se note que la localidad vizcaína no está ubicada en Oklahoma. Otra cosa son las emociones. La correcta ejecución en estudio, que puede incluso llegar a ocultar su alma o su latido o lo que sea que debiera mover a escucharlo cuando pasen unos meses y ya no sea una novedad, se transforma en el directo en un derroche de energía que te azota, que sustituye la emoción por ritmo y las sutilezas por latigazos de sonido.
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Ése es el mérito de muchas bandas y artistas, algunos de los cuales han pasado recientemente por la Sala Stereo en los últimos tiempos: releer su obra en términos de relación con el público presente, darle otro soplo, una nueva vida. Los Dead Bronco asumen ese momento como una entrega rabiosa en la que Horan hace de su voz desgarro, Heredia suelta ráfagas de hardcore en mitad de la noche y Danel Marín hace temblar los parches con furia. Daniel Merino, a la lap steel, queda como la referencia en estado puro de la música en cuya raíz está la propuesta, el country, aunque tampoco parece que eso importe mucho.
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Porque los de Getxo en escena derrochan actitud y esa actitud se nutre de los fuegos del punk, lo que no está nada mal, incluso está muy bien, porque con la excusa de repasar un buen puñado de canciones del nuevo disco y de los anteriores te hacen disfrutar de una noche de sábado y bailar como si no hubiera un mañana, lo mismo “Keg Stand” que “Penitent man”, “Stop killing all my friends” que “Stupid man”. Aunque uno eche de menos, viendo a Óscar Calleja al contrabajo, ese aroma de honky tonk que se adivina entre los pliegues del autodenominado “broncobilly”, esa mezcla salvaje de muchas cosas, entre ellas el hillbilly y el rockabilly. Y al escuchar el homenaje a Merle Haggard que es “Mama tried” te viene fugazmente a la memoria la inolvidable escena del “Bronco Billy” de Eastwood en la que Haggard nos habla de tristezas y alcohol.

Horan, locuaz y dicharachero, se pasó la noche contándonos historias de borrachos pero la gente no le escuchaba, la fiesta iba por otro lado, ése que se acerca más al momento adrenalítico en el que el horizonte del domingo todavía parece muy lejano. Vinieron, triunfaron, siguen su camino. Si quieres escuchar country vibrante tienes sus discos, si quieres conocer el “broncobilly” no te queda más remedio que acercarte a sus conciertos. No se puede contar.
Texto, fotos y vídeos por Juan J. Vicedo.
Juan J. Vicedo 
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